Siempre salía a jugar con mamá y mi hermana. Dábamos largos paseos por las calles y luego volvíamos cansados a casa. Pero aquella tarde me alejé de su lado y las perdí de vista. ¿Dónde estás, mami? Tengo miedo, no sé cómo volver a casa.

Seguí a un señor pero no debió de darse cuenta, estaría ensimismado, pensando en los regalos de Navidad que debía comprar. Una chica que salía de un edificio me llamó, parecía amable pero debía seguir buscando mi casa, cada vez estaba más perdido.

Unos niños que subían la calle se pusieron a jugar conmigo, tenían una pelota, como me gustaban a mi las pelotas, son tan divertidas. Me la lanzaban y corría detrás de ella con entusiasmo, intentando alcanzarla. En un portal de otro edificio me detuve, había una señora limpiando, la observé, utilizaba una fregona para limpiar el suelo. Tenía curiosidad por ver cómo lo hacía y despacio me acerqué a ella. Al verme, una sonrisa apareció en su cara, me acarició al acercarme más a ella

Volví con aquellos niños de la pelota, estaba mirando como los coches pasaban por la carretera cercana y uno de los niños corrió hacia mí, escapé de él por la carretera y de repente miré a mi izquierda… dolía, dolía mucho… me levanté, magullado por el golpe y me subí de nuevo a la acera, no podía más, me dolía mucho. Mami, ven a buscarme, mami.

La baldosa de la acera estaba fría, no era capaz de levantarme y algo caliente se deslizaba por mi boca. Tenía un sabor raro. A mi alrededor se habían juntado un grupo de gente, ¿estaban intentando ayudarme? Mi cabeza daba vueltas y me costaba respirar, notaba como algo me oprimía el pecho y ese sabor raro en la boca.

El contacto de una mano me sobresaltó, era la chica amable, su cara denotaba preocupación, estaba hablándome, dedicándome unas palabras bonitas y haciéndome compañía.

Yo sólo quería jugar…

error: Contenido protegido. Copyright © Noly Quevedo