Dime…

¿Por qué no antes de cerrar los ojos y decir que no te gusta el paisaje te detienes a mirarlo aunque sea un instante?

Dime si lo que ves no te gusta, pero míralo antes.
Mira como los pájaros vuelan, como se oyen sus cantos, como el trigo ondea bajo la fuerza del viento. Parece el mar, ¿no?

Dime si lo que puedes ver, oler, escuchar o sentir, no es a la naturaleza emitir su canto.

Dime, ¿qué es lo que sientes cuando cierras las puertas de tu alma, de tu corazón?
¿Estas bien ahí? ¿No te invade la oscuridad? ¿No te sientes triste?

¿Sabes qué siento yo?

Siento como el viento mece mi pelo, como su silbido entra en mi oído, como mi cuerpo se estremece con su contacto.

¿Estas ahí?

Te siento a mi lado, pero debes de estar tan lejos…

Acércate, háblame al oído, haz callar al viento, se tú el que haga estremecer a mi cuerpo, se tú el que meza mi pelo.

Dime, ¿es ahora de tu agrado el paisaje?

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